Mª Carmen Ferreiro y Mª Jesús del Hoyo. Diplomadas en Enfermería

Mantener una alimentación y unos hábitos de vida saludables no debería ser tan complicado para la mayoría de personas, ya que la gran mayoría sabe qué cosas son perjudiciales para su salud. La vía para encaminarnos hacia la mejora de nuestro estado físico y psíquico es la buena alimentación, con una dieta variada, saludable y equilibrada dependiendo de la edad, el sexo y la ocupación diaria. Si a esto le unimos una hidratación adecuada, el abandono de hábitos perniciosos como el tabaco, la moderación con el consumo de bebidas alcohólicas y una actividad física regular, esto es, un rato tres o cuatro días a la semana, tendremos mucho ganado.

Si atendemos a la pirámide de la alimentación, editada por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, comprobaremos que no está tan alejada de la alimentación de nuestros abuelos. Se ha constatado que la dieta mediterránea tradicional posee beneficios para la salud porque, además de aportar fibras y antioxidantes, estudios científicos han demostrado que mejora el perfil lipídico y aumenta el HDL o colesterol bueno al tiempo que reduce el LDL, el malo.

Sin embargo, el ritmo de vida de los últimos años ha hecho que dediquemos menos tiempo a planificar una alimentación saludable y que haya aumentado el consumo de precocinados, aperitivos y bollería industrial en detrimento de productos tradicionales como el pan, el arroz, las legumbres o las patatas, que están de capa caída.

A esto hay que unir una distribución irracional del horario de comidas ligada a las jornadas intensivas y en ocasiones a la turnicidad laboral. Se sabe, por ejemplo, que cuanto más tarde se almuerza más se engorda y se sabe también que trabajar de noche altera totalmente los biorritmos porque el ser humano lleva miles de años asociando noche con descanso.

A pesar de estos condicionantes, unos pequeños cambios en nuestras rutinas diarias nos ayudarán a encontrarnos física y psíquicamente mejor empezando por una alimentación variada y equilibrada según los criterios de la pirámide de los alimentos. El adjetivo “equilibrada” es más relevante de lo que parece porque deberíamos distribuir la ingesta de alimentos en cinco tomas diarias en vez de en dos como solemos hacer. Lo de que el desayuno es la comida más importante del día es cierto, ya que ayuda a lograr un rendimiento físico e intelectual adecuado. El aporte de nutrientes a primera hora y un pequeño tentempié a media mañana evitarán que lleguemos a la hora del almuerzo con un exceso de hambre.

Un problema añadido en la comida es donde la hacemos, si en casa, donde hay mayor libertad de elección, o en una cafetería o restaurante. En tal caso hay al gunos trucos que nos ayudarán a comer de una forma más saludable: sustituir las patatas fritas de guarnición por ensalada o verduras, priorizar el pescado y si se opta por la carne, que sea a la plancha o al horno para evitar un exceso de aceite. En cuanto a los postres, mejor fruta o lácteos desnatados. Para cenar son preferibles los alimentos fáciles de digerir para evitar que una digestión pesada perturbe el descanso.

Estos hábitos alimenticios han de ir acompañados de una buena hidratación y de ejercicio físico regular. Un poco tres o cuatro veces por semana es mejor que mucho un día porque así sólo se consigue perder agua, no grasas.

Respecto a lo que comemos la regla básica es que, cuanto menos procesado, mejor, con lo cual reducimos también la cantidad de aditivos incorporados. Y es que una dieta variada y equilibrada proporciona a nuestro organismo los nutrientes, vitaminas y minerales en cantidad suficiente a nuestras necesidades, por lo que no son necesarios los aportes extra de vitaminas, al igual que tampoco está suficientemente demostrada la eficacia de los denominados “alimentos funcionales” que, además de su función alimenticia, ayudan supuestamente a mejorar nuestra salud. Así, algunos estudios sugieren cierta efectividad a los suplementos para bajar el colesterol, pero siempre que vayan acompañados de una dieta adecuada para reducirlo.

Un artículo sobre hábitos de vida saludables no estaría completo sin una referencia a las dietas de adelgazamiento. A este respecto hay un único mensaje claro, las dietas milagro “NO” existen: todas parecen funcionar al principio hasta que llega el rebote y se recupera todo lo perdido. Para perder peso y no recuperarlo siempre es más aconsejable ponerse en manos de un profesional que pueda diseñar una dieta personalizada.